¿Qué cambia entre una Directiva y un Reglamento Europeo?
La diferencia principal está en cómo se aplican en los Estados miembros.
Una Directiva europea fija unos objetivos y unas reglas que los países deben cumplir, pero necesita ser transpuesta al derecho nacional. Cada Estado aprueba o modifica su propia normativa para adaptarse a ella. En España, por ejemplo, buena parte de las Directivas europeas de contratación de 2014 se incorporaron mediante la Ley de Contratos del Sector Público.
Un Reglamento europeo, en cambio, es directamente aplicable en todos los Estados miembros. No necesita una ley nacional de transposición para producir efectos.
Eso hace que el cambio propuesto sea especialmente relevante. La Comisión plantea sustituir las tres Directivas actuales de contratación pública por un único Reglamento, precisamente para reducir las diferencias entre países y evitar que cada Estado configure parte del régimen de forma distinta al transponer las normas europeas.
En términos sencillos:
- Directiva: Europa fija el marco y cada país lo incorpora a su legislación.
- Reglamento: la misma norma europea se aplica directamente en todos los países.
Esto no significa necesariamente que desaparezca toda la normativa nacional sobre contratación pública. Pero sí supondría que una parte mucho mayor de las reglas básicas vendría directamente fijada desde la Unión Europea, con menos margen para diferencias nacionales.
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